LAS FARMACEUTICAS EN EL BANQUILLO
Julio Cesar Zomeño López.
La industria farmacéutica dice “que está siendo socavada su credibilidad”, no es cierto, ellos mismos se están haciendo su propio ataúd. Richard Smith, editor durante 25 años del Diario Médico Británico, dice que las grandes corporaciones condicionan la investigación en su propio beneficio. La revista en Internet “Plus Medicine” dice que de los datos que ellos extraen hay una rotunda conclusión: No existen fallos aislados en el sistema ¡falla todo el sistema! Parece que la industria farmacéutica pasa más tiempo y dedica más recursos a buscar la forma de cómo conseguir que sus productos sean recetados(vendidos), que a tratar de solucionar los auténticos problemas de salud. La Fundación “Health Partners” ha desvelado recientemente que: “El 33% de los científicos norteamericanos reconoce haber modificado en alguna ocasión sus resultados para adecuarlos a los intereses de la industria”.
La carrera para aprobar nuevos medicamentos compromete la salud pública. Parece que todo vale para ser los primeros en sacar dinero. Las compañías de medicamentos evitan de forma habitual obtener información [yo diría, terminar su trabajo] sobre los efectos colaterales. No se realizan estos estudios a menos que lo exija “el regulador”, algo que raramente pasa. Hay otro comportamiento inmoral: Los pacientes de alto riesgo, o sea, los que podrían tener alguna reacción adversa a un nuevo medicamento, se excluyen sistemática y deliberadamente de los estudios a pesar de que si el medicamento es aprobado son precisamente ellos quienes primero tomaran esos fármacos.
Algunas verdades:
1. El tamaño de estos estudios es insuficiente para garantizar de verdad la seguridad. Cuando se hace un estudio sobre la incidencia de ingerir un fármaco a muchas personas, si alguien muere, esto nunca se dice. Si aparecen resultados no esperados, lo normal es que la compañía no publique “de ninguna manera” el estudio. Si algunas veces lo hacen, omiten el resultado negativo con la excusa de que “no es estadísticamente significativo”. Es la industria quien dice “quien selecciona y como se realizará la investigación”. El 33% de los 3.000 investigadores encuestados reconoció haber incurrido, al menos una vez en los tres años anteriores a la encuesta, en conducta deshonesta. Un 15,5% varió la metodología o los resultados de un estudio como respuesta a presiones de los patrocinadores, un 12,5% supervisó “el uso por otras personas de datos incorrectos” y el 7,6% se saltó algunos requisitos menores. O sea, la tercera parte de los investigadores puso su talento al servicio del patrocinador anteponiéndolo al interés público.
2. La literatura médica es manipulable. Nos hacen creer que los estudios son rigurosos pero algunas veces no están escritos por los científicos responsables de su diseño, sino por algún médico escritor designado para ello por las farmacéuticas, con poca, nula, o sin experiencia en la investigación, pero especializado en presentar resultados de la mejor manera posible para la compañía. [Manipulan]. La documentación científica disponible a nivel publico es parcial y en ella solo se encuentra lo que las compañías farmacéuticas permiten que se de a conocer.
3. Hay lazos “muy estrechos” entre las agencias reguladoras de medicamentos y la industria, que influye en la aprobación de medicamentos. David Graham funcionario de seguridad de la FDA (Administración de Drogas y Alimentos de los Estados Unidos) reconoce su colaboración con la industria, pues recibe dinero de las compañías farmacéuticas “para aprobar nuevos medicamentos y hacerlo lo más rápidamente posible”. La FDA tiene una consigna clara: Encontrar argumentos que permitan aprobar los medicamentos. Un importante dirigente de la FDA comentó: “Nuestro cliente es la industria”. Graham afirmó ante el Comité de Finanzas del Senado de EEUU que “la FDA fue el mayor obstáculo para hacer algo eficaz con el Vioxx”. Como resultado casi 60.000 personas murieron a consecuencia de ese medicamento. La FDA tuvo la oportunidad de evitarlo….y no lo hizo, permitió que continuase en el mercado. También es verdad que un porcentaje importante de las contribuciones para las campañas políticas se reciben de la industria farmacéutica. Por eso alguien ha dicho que “muchos congresistas tienen la conciencia alquilada”.
4. Es más importante para obtener beneficios la forma de vender que los resultados de las medicinas. En muchos medicamentos se exageran los benéficos y se ocultan los riesgos. Más allá de las “gratificaciones” que reciben los médicos, directas e indirectas, los representantes de las farmacéuticas están encaminados a convencer a los médicos, no a informarles. “Estamos preparados sobre lo que tenemos que decir y lo que no”. Slattery-Moschkau dice: “Una de las técnicas utilizadas por las compañías farmacéuticas [y denunciada por esta ex representante comercial], era comprar los archivos de prescripción de los doctores para que los representantes supieran “al detalle” lo que los médicos prescribían y así poder “adaptar” a ellos sus técnicas de marketing”. Los visitadores médicos (algunos son de verdad médicos titulados) desarrollaban “los perfiles de personalidad” de los médicos y eran preparados para realizar sus ventas de acuerdo a cada tipo de personalidad especifico. Los representantes son recompensados en función del número de prescripciones que pueden conseguir que se realicen.
5. En caso de que el marketing no funcione bien (lo cual es casi nunca) siempre quedan los regalos (que es casi siempre). Es frecuente que varias compañías farmacéuticas depositen dinero (paguen) en cuentas de empleados estatales por medios indirectos: viajes, ganancias extras, comidas, transportes, libros, becas. Según Allan Jones: “Es evidente que la industria farmacéutica es el lobby más poderoso en el Capitolio (de EEUU), superando al del aceite y al de la banca”.
Las medicinas que innovaron el campo de la medicina, se pueden contar con los dedos de una mano: 1. Aspirina, siglo XIX 2. Sulfas, principios siglo XX 3. Penicilina, 1930 4. Jarabe, a base de miel, para las gripes 5. Antihistamínicos y sus jarabes conexos para las gripes 6. Activan, tranquilizante anti estrés 7. Prozac, tranquilizante-estimulante que mantiene activa al 50% de la población 8. Maxitrol, colirio milagroso para el control del glaucoma 9. Aciclovir, tratamiento del herpes, y culebrilla 10. Viagra para el sexo. Todos los demás fármacos son derivados de estos o provienen de los extractos herbolarios de la medicina ancestral.
Resumen: El diseño, ejecución y análisis de las investigaciones realizadas por las compañías farmacéuticas no son suficientemente supervisados por organismos independientes de ellas. La falta de transparencia en estas cuestiones introduce dudas sobre su credibilidad. Las conclusiones de los trabajos son escritas en numerosas ocasiones por “negros” (se dice de quien escribe por otro) de la propia industria, que son profesionales en presentar resultados y no por los autores de las investigaciones. Normalmente no se publican los ensayos con resultados negativos, solo se seleccionan los que dan resultados favorables. Son muchas las publicaciones que ingresan más por los anuncios que por la cuota de suscriptores, por eso están supeditadas a la industria, es también una forma de comprar “voluntades”. La propia FDA colabora estrechamente con la industria y recibe dinero de la misma, no es independiente como quieren hacernos creer; David Graham llega a decir: “No hay ninguna voz independiente responsable de la seguridad de los medicamentos en Estados Unidos”. La gran industria farmacéutica presiona de forma constante a todos los gobiernos cada vez que estos intentan recortar los gastos dedicados a los fármacos con “advertencias” sobre las pérdidas de puestos de trabajo y la disminución de inversiones en investigación y desarrollo.
Las grandes multinacionales farmacéuticas contribuyen en EEUU con millones de dólares a las campañas electorales tanto del partido demócrata como del republicano (por si acaso), pero recordemos que la industria no hace nada gratuitamente. Al mercado llegan continuamente medicamentos que no aportan novedades terapéuticas y que sin embargo, son mucho más caros. Según un estudio del “The New England Journal of Medicine” cerca del 80% de los medicamentos son variaciones de otros ya existentes (un autentico timo). Kart Eichenwald y Gina Kolata, periodistas del New York Times en un trabajo de investigación sobre la industria han llegado a las siguientes conclusiones: A. Las compañías farmacéuticas ofrecen importantes sumas de dinero a los médicos, enfermeras o cualquier otro personal sanitario para que estos se consigan enfermos dispuestos a participar en un ensayo clínico. B. Los médicos que obtengan el mayor número de enfermos, además del dinero que reciban, podrán ser los autores del trabajo científico que pruebe el valor del ensayo, independientemente de hayan o no escrito una línea del texto. C. En EEUU se ponen anuncios en los periódicos y en la radio buscando pacientes asmáticos, alérgicos o hipertensos, para usarlos de cobayas.
Diez compañías del sector farmacéutico se encuentran entre las 500 corporaciones estadounidenses más ricas, según la lista de la revista Fortune, destinan así el dinero: Del 27 al 30% de sus ingresos anuales a marketing, publicidad y administración; el 18% a beneficios y solo un 11% a la búsqueda de nuevos productos, del otro 41%, no se sabe bien que pasa, pero digo yo que será para otras cosas.
jueves, 25 de diciembre de 2008
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